• Luis Melgar

Terremoto en la editorial Península. El segundo deseo de mi hada madrina.

Updated: Apr 19

En verano de 2018, con apenas unos meses de vida, Paula hizo su primer viaje a España. La acompañamos todo el «circo ambulante»: Pablo y yo, Tatita, Olivia y por supuesto Churchill. Como éramos tantos, alquilamos una casita en Canarias, cerca del Puerto de la Cruz, y citamos allí a cuantos amigos y parientes quisieran visitarnos.

Para mí, además, el viaje tenía un sentido emocional. El primer viaje que recuerdo en mi vida fue precisamente a Tenerife, con mi madre, mi hermana con una amiga y Tatita. Era 1982 así que yo era un poco más mayor que Paula, pero aún recuerdo flashes de una cacatúa que me perseguía en el Loro Parque, de pozo al que se me cayó una pelota de Naranjito, de querer alcanzar una piña de plátanos con la mano y llegar porque era demasiado pequeño. Que uno de los primeros viajes de mi hija fuera al mismo lugar me pareció, en fin, romántico. Bonito. Quería también llevarla a visitar a la Candelaria, una imagen de la Virgen a la que, por algún motivo, le tengo un cariño especial.



En ese viaje, por cierto, terminé de escribir otro libro… pero esa es otra historia.

El caso es que, al terminar las vacaciones, viajamos a Madrid para el bautizo de Paula, que tuvo lugar en la iglesia de San Nicolás de Bari. Fue un día precioso, entrañable, rodeados de familia y amigos y arropados por el cariñosísimo Fray Javier.

Entre unas cosas y otras, Pablo y yo pudimos escaparnos un par de días para atender una cuestión de trabajo en Bruselas, con parada en Barcelona para ver a Ramón y Ana, mis queridos editores de Península. Comimos juntos, y en esa comida ideamos el que debería haber sido mi siguiente proyecto: un libro al estilo de Los blancos estáis locos, pero centrado en nuestra estancia en Venezuela.

Volvimos a Caracas y yo me puse a trabajar en una propuesta que poder enviarles. Sucedió entonces el gran terremoto en Península, al menos para mí. Ramón abandonó el selló y poco después se jubiló, una pérdida irreparable para el mundo editorial español, y Ana decidió iniciar una aventura en solitario como freelance. Me quedé, de buenas a primeras, huérfano en Península.

«Tranquilo», pensé, «tienes un proyecto en marcha, mándaselo al nuevo equipo y seguimos adelante».

Las cosas no resultaron así. Al nuevo equipo de Península no le encajaba la idea de un libro sobre Venezuela y quedamos en escribir algo más adelante, quizá sobre mi siguiente destino, dependiendo de dónde fuese.

Escribir es para mí una necesidad perentoria, así que tenía que dar urgentemente con un nuevo editor. Me puse a moverme como loco, tocando todos los contactos que se me ocurrían y echando mano de todos los amigos que tengo en el mundo editorial. Fue así como llegué, una vez más, a mi hada madrina: Ana Romero.

—Te pondré en contacto con la reina de la edición en España: Ymelda Navajo.

Dicho y hecho. Ana nos mandó un e-mail a ambos y yo quedé en ver a Ymelda la siguiente vez que pasara por Madrid. Era ya primavera de 2019 cuando me reuní con ella en su despacho en la sede de Unidad Editorial. Mi idea seguía siendo escribir un libro sobre Venezuela, pero ella me la quitó rápidamente de la cabeza.

—¿No te interesaría escribir una novela histórica?

Fue como si el cielo se abriera y de pronto estuviera escuchando coros angelicales. Escribir realidad me gusta, qué duda cabe, pero mi verdadera vocación consiste en contar historias ficticias, inventadas, en las que pueda dejar volar mi imaginación y ejercer el inmemorial oficio de cuentacuentos. La novela histórica es, además, uno de mis géneros favoritos. Soy obseso de varios periodos de la historia, el Antiguo Egipto sobre todo, pero también de otras civilizaciones como la Grecia Clásica, China, Roma…

—¡Por supuesto que me interesaría!

—¿Tienes alguna idea? ¿Algún proyecto en el cajón?

—Pues mira, hace tiempo que le doy vueltas a la historia de Nefertiti y Akenatón, el periodo que se llama la Revolución de Amarna. Tengo algunas ideas al respecto y creo que le podría dar una vuelta de tuerca.

—¡Me gusta! Te voy a presentar a Berenice, nuestra editora de novela histórica, para que lo hables más a fondo con ella.

Y así fue. Berenice y yo hablamos del proyecto, yo le di forma en casa y se lo mandé. Le gustó y firmamos el contrato. Entre unas cosas y otras yo ya había llegado a mi nuevo destino en Pekín y tenía justo un año para plasmar en papel aquella historia que venía fraguándose en mi cabeza desde hacía más de 10 años.

En el contrato, el proyecto se llamó El misterio de Amarna. Luego yo lo bauticé como La esclava de Mitanni, y al fin se convirtió en La peregrina de Atón. Fue un proceso largo y complejo, cambié muchas veces de dirección, tuve crisis literarias pero al fin… gracias una vez más a os buenos oficios de mi hada madrina, la historia de Iltani vio la luz.

Gracias, Ana.

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