• Luis Melgar

El aria de la cigüeña. Crónica de un viaje a la paternidad.

Updated: Apr 19


Cuando era adolescente, mi madre solía decirme que mi personalidad le recordaba al tenor de una ópera italiana, que tiene la necesidad irresistible de salir al escenario, plantarse frente al público y desgranar todos y cada uno de sus sentimientos y detalles íntimos a voz en grito, esperando, a ser posible, una gran ovación al final del acto. Es verdad. Los secretos nunca han sido lo mío y de adolescente me encantaba contarle mi vida a primero que mostrara el más mínimo interés por ello.

Pensaba que había dejado aquello atrás, pero se conoce que no. Algo dentro de mí me impulsó a compartir algo tan íntimo y personal como el hecho de ser padre con el universo mundo. No pude evitarlo, me subí una vez más al escenario y canté «el aria de la Cigüeña»: la crónica de nuestro viaje de la paternidad.

Los motivos que hay detrás de esta decisión sean, quizá, un poco más complejos. En 2016, cuando Pablo y yo iniciamos nuestro «viaje», había en España (al igual que ahora) un intenso debate sobre la gestación subrogada; un debate que, en mi opinión, está cargado de prejuicios y desconocimiento. Pablo y yo estuvimos de acuerdo en contribuir al debate con nuestra experiencia personal, demostrando con un caso concreto que es posible una gestación subrogada altruista y garantista, donde los derechos de todas las partes implicadas, y sobre todo de la gestante, estén garantizados. Quisimos, además, compartir nuestra historia humana: la de Pablo y mía y, por supuesto, la de Salisha, que es la verdadera protagonista.

Salisha, la maravillosa mujer gracias a cuya generosidad Pablo y yo hemos podido ser padres.


La idea siempre estuvo ahí. Desde la primera vez que les comenté a Ana y Ramón que Pablo y yo íbamos a intentar ser padres mediante un proceso de gestación subrogada en Miami, se planteó el proyecto de plasmarlo todo en un libro. Ellos estuvieron de acuerdo desde el principio en plasmar nuestra historia humana e insistieron también en que el libro contuviera los detalles prácticos, para que pudiera servir de «guía» para quien quisiera adentrarse en el mismo camino que íbamos a recorrer nosotros.

Así fue. Empecé a escribir La cigüeña vino de Miami antes incluso de que naciera Paula, para ajustar los tiempos de entrega del manuscrito al máximo. Muy poco después de conocer a Salisha, le planteé la idea de escribir nuestra historia y a ella le encantó, por lo que se prestó a contarme pormenorizadamente todos los detalles de su vida que aparecen en el libro. Como le dije a ella, quería que el lector entendiera por qué había tomado ella la decisión de gestar al hijo de otros.

No sé si logré mi objetivo, pero desde luego, Salisha sí que consiguió explicármelo a mí. Entendí qué la había movido a llevar a cabo ese acto de generosidad suprema, por qué quiso ayudarnos a Pablo y a mí a cumplir nuestro sueño de ser padres y traer a Paula al mundo.

Espero haber sido capaz de transmitirlo.

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