• Luis Melgar

Los cuentos de Paula (II). El método Doman para enseñar a leer a niños muy pequeños.



Durante varios meses del año 2020, casi todas las personas del planeta nos vimos afectadas por una realidad que nos resultaba completamente nueva: la pandemia. Además del miedo a lo desconocido, de la incertidumbre sobre la salud de nuestros seres queridos o del temido confinamiento, los padres nos enfrentamos a un factor más: la suspensión de las clases.


En Pekín, donde nosotros vivimos, nunca hubo un auténtico confinamiento. Durante las primeras semanas de la epidemia, que aquí llegó a finales de enero y principios de febrero, el Gobierno chino recomendó no salir a la calle, pero nunca fue una obligación en nuestra ciudad. La mayoría de los comercios estaban cerrados, las temperaturas rondaban los 20 grados bajo cero y además había vacaciones por el Año Nuevo Lunar, así que la verdad es que casi todos nos quedamos voluntariamente en casa. Sí nos avisaron de que las clases de todos los niveles, desde la guardería hasta la universidad, quedaban suspendidas sine die.


Al igual que muchos otros niños de todo el mundo, Paula no pudo ir al colegio desde mediados de enero de 2020 hasta el mes de agosto. Siete meses largos en los que Pablo y yo decidimos que había que hacer algo para que nuestra hija, que cumplía dos años en marzo, continuara con su aprendizaje. Una de las soluciones que encontramos fue el método Doman.


El método Doman surgió hace más de 50 años, gracias al trabajo y las investigaciones de un grupo de neurólogos y especialistas dirigido por el doctor Glenn Doman. El enfoque del grupo se centraba inicialmente en el tratamiento de niños con lesiones cerebrales, partiendo de la teoría de que, durante los primeros años de vida, la plasticidad del cerebro humano es tan alta que se pueden crear nuevas conexiones neuronales que compensen las partes dañadas del cerebro. Doman demostró que, con la estimulación adecuada en una edad temprana, las neuronas pueden aprender y establecer las conexiones necesarias para hacer la función de las neuronas que ya no están. Siguiendo esta idea, consiguieron importantes avances en niños con parálisis cerebral, demostrando que, con solo la mitad de la corteza cerebral viva, podían lograr un desarrollo físico e intelectual igual e incluso superior al de los niños sanos.


Al comprobar estos avances, Doman dio un paso más y decidió aplicar su método al resto de niños, potenciando así su capacidad de aprendizaje. Una de las aplicaciones concretas es el método Doman para enseñar a leer a los niños a partir de un año de edad, con la idea de que desde ese momento los niños ya son capaces de distinguir palabras siempre que las letras tengan un tamaño lo bastante grande.


El método consiste en exponer al niño a una serie de estímulos denominados bits de inteligencia, que son grupos de cinco palabras pertenecientes a una misma categoría y que han de han de ser novedosos, simples y concretos. Como se trata de niños muy pequeños, conviene elegir palabras que ya formen parte de su vocabulario y que pertenezcan a su entorno inmediato.


Resulta útil hacer una tabla de Excel con las categorías y las palabras que vamos a querer ir enseñando a nuestro hijo.


Poco a poco se irán añadiendo más categorías, y más grupos de cinco palabras en las categorías existentes. Doman propone utilizar unas tarjetas escritas con letra de imprenta (que es la que el niño verá en los libros), pero nosotros utilizamos el iPad para no tener que imprimir tanto. Tres veces al día, nos sentamos con el niño en un entorno tranquilo y sin distracciones y le vamos enseñando una a una las palabras, leyéndolas con voz alta, clara y alegre, y asegurándonos de felicitarle por lo bien que lo ha hecho al terminar.


El primer día, el niño “aprenderá” un solo bit de inteligencia, es decir, un grupo de cinco palabras de la misma categoría. El segundo día repetiremos ese bit y añadiremos otro, haciendo un total de diez palabras. Seguimos así cinco días consecutivos, hasta llegar a un total de 25 palabras. A la semana siguiente, empezamos a reemplazar el bit más antiguo por otro nuevo, de forma que el niño haya visto cada grupo de palabras durante un total de cinco días. Os pongo un ejemplo de la primera semana:


1. LUNES:

- PERSONAS: papá, Olivia, abuela, Churchill, Pocoyó.


2. MARTES:

- PERSONAS: papá, Olivia, abuela, Churchill, Pocoyó.

- OBJETOS: biberón, manta, muñeca, patín, cuchara.

3. MIÉRCOLES:

- PERSONAS: papá, Olivia, abuela, Churchill, Pocoyó.

- OBJETOS: biberón, manta, muñeca, patín, cuchara.

- COLORES: azul, rojo, negro, blanco, rosa.


4. JUEVES:

- PERSONAS: papá, Olivia, abuela, Churchill, Pocoyó.

- OBJETOS: biberón, manta, muñeca, patín, cuchara.

- COLORES: azul, rojo, negro, blanco, rosa.

- ADJETIVOS: limpio, sucio, roto, bueno, malo.


5. VIERNES:

- PERSONAS: papá, Olivia, abuela, Churchill, Pocoyó.

- OBJETOS: biberón, manta, muñeca, patín, cuchara.

- COLORES: azul, rojo, negro, blanco, rosa.

- ADJETIVOS: limpio, sucio, roto, bueno, malo.

- VERBOS: dormir, correr, saltar, jugar, comer.


6 y 7. SÁBADO Y DOMINGO: descanso.


La semana siguiente, como decía, empezamos sustituyendo el primer grupo de palabras, en este caso la categoría de personas, por uno nuevo:


8. LUNES:

- OBJETOS: biberón, manta, muñeca, patín, cuchara.

- COLORES: azul, rojo, negro, blanco, rosa.

- ADJETIVOS: limpio, sucio, roto, bueno, malo.

- VERBOS: dormir, correr, saltar, jugar, comer.

- LUGARES: parque, cocina, cole, casa, salón.


Y así sucesivamente. La idea es que, cada día, el niño “aprenda” cinco bits de inteligencia, y repetirlos tres veces al día. Veréis que cada sesión apenas dura un par de minutos, así que el tiempo, realmente, no es una excusa.




Nuestra experiencia fue muy, muy positiva. A partir del segundo día de ver las mismas palabras, Paula ya las leía sola y las identificaba con facilidad aunque las cambiáramos de orden. En la segunda fase, Doman propone que creemos parejas de palabras ya aprendidas, que tengan sentido y, a ser posible, que le puedan hacer gracia al niño. Usando las palabras de los ejemplos anteriores, podríamos crear los siguientes binomios:


- Pocoyó sucio.

- Abuela salta.

- Patín rosa.


Esto también fue fácil: Paula reconocía las parejas casi a la primera, sin que tuviéramos que leérselas nosotros. El problema viene con la tercera y cuarta fases, que consisten en pasar a frases (“La abuela salta en el parque” o “Pocoyó duerme en el cole”) y, por fin, a cuentos enteros construidos con las palabras ya aprendidas.


Con las frases, Paula comenzó a perderse un poco. Según Doman, los conectores como artículos, preposiciones y demás no hay que aprenderlos, sino que el niño debería reconocerlos automáticamente o, en su defecto, ignorarlos. No fue así. Intentamos dar el salto a los cuentos y, usando unos libros de Peppa Pig, escaneé los dibujos y construí una historia empleando las palabras que ya conocíamos. A Paula le divertía mucho, pero no leía las frases ni mucho menos: miraba los dibujos como hace normalmente cuando leemos juntos.


Nuestra impresión es que el método Doman, efectivamente, funciona, pero que no está lo bastante desarrollado. Es una buena idea, pero falta que en un grupo de profesionales lo adopte y lo desarrolle de forma pedagógica, buscando solución para el tema de los conectores y creando también materiales didácticos, como por ejemplo packs de tarjetas o, más importante aún, cuentos adaptados al método.


El balance, sin embargo, fue muy positivo, porque a Paula le despertó el interés no ya por los cuentos, sino por las letras. Desde que comenzamos con Doman, descubrió que las letras no son simples garabatos sino que encierran un significado, y siempre que ve una palabra o una frase, intenta descifrar qué significa.


(Continuará…).


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