• Luis Melgar

Yo, Mutnodjemet. Sobre ficción y realidad en el Antiguo Egipto.

Updated: Apr 19


Dicen que hay dos tipos de escritores, los que escriben con mapa y los que lo hacen con brújula. Los que utilizan el mapa hacen una compleja planificación previa, trazan la historia en su cabeza, construyen una trama y hasta elaboran una escaleta donde detallan escena por escena lo que pretenden escribir. Los que utilizan brújula se lanzan a la aventura de escribir sin excesiva planificación, solo con una idea aproximada de lo que desean contar y de adónde quieren llegar, y dejan que sean los personajes los que los guíen.

Yo intento escribir con mapa, ¡de verdad! Con La peregrina de Atón me propuse contar la historia de Nefertiti, centrándome en su papel como gran estratega política que, sin embargo, ha pasado a la historia solo por su belleza. Hice toda la planificación en base a esa idea. Cuando empecé a escribir ni siquiera había pensado aún en Iltani. Fue como si el personaje apareciera de la nada y, poco a poco, se comiera la novela. Cuando llevaba como cien páginas escritas, tuve que volver atrás y replantear toda la escritura, porque ese personaje desconocido, que no formaba parte de mis planes, se había convertido de pronto en la protagonista…

Ese es el motivo de que haya dos narradoras. Necesito a Nefertiti para contar la trama política que hay detrás del periodo de Amarna, para explicar cómo subió Akenatón al trono y cómo fue su compleja sucesión. Pero Iltani es la auténtica protagonista. Al final, es su historia la que quiero contar.

Creo que eso es parte de la magia de la literatura. ¿Cómo es posible que un personaje aparezca por sí mismo y se convierta en el protagonista de tu novela sin que tú lo quieras? No lo sé, no tengo una respuesta para eso. ¿Será el subconsciente del autor? ¿O hay algo más?

Aunque La peregrina de Atón es en muchos aspectos fiel a la realidad, la historia de Iltani es fundamentalmente ficticia. Existió, en efecto, la reina Mutnodjemet, que posiblemente era hermana de Nefertiti, se casó con el capitán y posteriormente faraón Horemheb, y tenía dos sirvientes enanos que la acompañaban con frecuencia. Esto es todo lo que se sabe de ella. La he imaginado como una mujer transexual porque existen evidencias de que, en Egipto, la transexualidad estaba relativamente aceptada, aunque no ha llegado hasta nosotros ningún ejemplo concreto más allá del de la reina Hatsepsut, que se convirtió en hombre para ser faraón, aunque más por motivos políticos que por una auténtica cuestión de identidad de género. He querido que Iltani simbolice a todas esas mujeres transexuales que han pasado por la historia sin dejar rastro, quedando completamente olvidadas para las generaciones venideras.

La lucha de Iltani, su tormentosa relación con su esposo Horemheb, sus dudas respecto a su hermana… todo eso es fruto de mi imaginación. Una novela histórica es, antes que nada, una novela, y las novelas han de contar historias humanas. “La peregrina de Atón” es la historia de una mujer maltratada que se enfrenta a su agresor y sale victoriosa.

En la trama política, sin embargo, he intentado ser lo más fiel posible a la realidad histórica, siempre teniendo en cuenta que es muy poco lo que se sabe a ciencia cierta sobre este periodo. Los sucesores de Akenatón emprendieron una campaña sistemática para borrar su legado y hacer que su nombre cayera en el olvido, por lo que, curiosamente, se sabe menos sobre él y su entorno que sobre otros faraones cuya importancia fue quizá menor desde una perspectiva historiográfica.

Egipto es mi gran pasión desde niño, así que he intentado, en la medida de lo posible, que las piezas del “puzle histórico” encajen con las evidencias arqueológicas que se han encontrado. Por ejemplo: hace relativamente poco tiempo, las momias de Akenatón, de su madre la reina Tiya, de Tutankamón y de otros personajes que aparecen en la novela han sido sometidos a complejos análisis de ADN. Por tanto, se sabe a ciencia cierta que Akenatón era efectivamente el padre de Tutankamón y que la madre no era Nefertiti, sino una de las hermanas del faraón cuya momia, durante años, fue conocida como “la joven dama”. He prestado muchísima atención a detalles como ese que, aunque quizá no sean tan importantes desde un punto de vista narrativo, son fundamentales para un obseso sobre Egipto como yo.

Otros detalles a los que he prestado mucha atención son los usos y costumbres sociales. Por ejemplo, en el Antiguo Egipto no se utilizaba el dinero. Cuesta imaginar una sociedad sin dinero, ¿verdad? Todo intercambio se basaba en el trueque, pero esto, ¿cómo funcionaba? Sabemos que había tabernas en las que el egipcio normal y corriente iba a tomar cerveza. Si no había dinero, ¿cómo hacía para pagar lo que consumía? ¿Se llevaba una cabra y la cambiaba por diez barriles de cerveza? He investigado mucho al respecto y he tratado de ser lo más cuidadoso posible para no incurrir en errores históricos, aunque esto no siempre es fácil. Recuerdo que la correctora tuvo que llamarme la atención porque, en un pasaje de la novela, había escrito que había un espejo roto en pedazos… cuando es evidente que los espejos egipcios no se rompían, porque estaban hechos de metal pulido. Tener en cuenta ese tipo de detalles es muy difícil, pero he intentado hacerlo lo mejor posible para que el lector se lleve una idea lo más acertada posible de cómo era la vida cotidiana en el Antiguo Egipto.

He incluido otros elementos que podríamos calificar de "especulación histórica”. Me refiero, sobre todo, a la posible vinculación entre el monoteísmo de Akenatón y el judaísmo. Ha habido varios autores, entre ellos Sigmund Freud, que han escrito ya sobre esta relación que, en mi opinión, es bastante probable, aunque obviamente no existe confirmación alguna al respecto. El indicio más claro es la extraordinaria similitud entre el Himno a Atón y el salmo 104 de la Biblia, que contienen versos prácticamente idénticos.

En Egipto, cada día se producen nuevos descubrimientos. Es posible que mañana aparezca la tumba de Nefertiti y desmonte muchas de las teorías que yo he empleado para construir esta novela. O no. Quizá se descubra la última morada de Mtnodjemet y descubramos que su figura histórica se parece más a la Iltani de mi imaginación de lo que hubiera cabido esperar.




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